Salud mental y deporte

La salud mental es un tema que últimamente está en boca de todos, a diferencia de lo que sucedía años atrás, cuando la salud mental era un tema tabú. Es habitual ver en las noticias, periódicos o entrevistas a personas hablando y reclamando más inversión en la salud mental, sea en el ámbito que sea, personal, laboral, deportivo, etc. Incluso he oído comentarios en varias ocasiones de que la salud mental está de moda. Yo no creo que esto sea así. La salud mental es un tema importante y que afecta a muchas personas.


Hoy no voy a hablar exclusivamente de psicología deportiva, aunque sí que es un tema que afecta a muchos/as deportistas. Desde el inicio de mi formación como psicólogo he pensado que no podía formarme solo en el ámbito deportivo, sino que la formación sanitaria es indispensable en mi día a día y por eso también me formé en este ámbito. Mi trabajo se basa en ayudar a personas, sean deportistas o no. Además, en mi consulta no trabajo únicamente la psicología aplicada al deporte, sino también con personas que tienen algunos problemas en su día a día y su bienestar (la que se conoce como psicología sanitaria).


Hoy me apetecía escribir sobre la salud mental en el deporte, uniendo un poco mis dos ramas formativas y mis dos vías de trabajo, que al final lo considero como una, ya que una persona con la etiqueta de deportista es antes persona que deportista. Hasta ahora la mayoría de mis escritos han hecho hincapié en la mejora del rendimiento, pero siempre he dejado entrever la importancia del bienestar y de la prevención. La psicología no solo trabaja en la mejora del rendimiento (que sí y tiene muchos beneficios en este) sino que además tiene un trabajo preventivo que va enfocado a la salud y al bienestar.


No soy muy amigo del DSM (manual utilizado en psicología y psiquiatría para el diagnóstico de trastornos de salud mental), principalmente debido al mal uso que se le ha dado durante estos años, además de otras cuestiones que iré exponiendo. Bajo mi punto de vista, cada vez es más fácil etiquetar con un diagnóstico a una persona por sus patrones conductuales sin tener en cuenta el contexto (que ya he mencionado de su importancia en repetidas ocasiones), el previo análisis funcional de estos patrones conductuales y los procesos de aprendizaje. El DSM tiene ciertas ausencias relacionadas con estos aspectos que acabo de mencionar, el contexto (no lo tiene en cuenta para nada), otro aspecto que brilla por su ausencia es el proceso de aprendizaje (creado por la interacción del individuo con el entorno). A todo esto, hay que sumarle que en muchas ocasiones el análisis funcional (herramienta que utilizamos los/as psicólogos/as para analizar el porqué suceden y se mantienen las conductas) no se realiza, o en caso de realizarlo es simplemente de forma muy sencilla y no tiene cabida en su intervención posterior, ya que se suele recurrir a protocolos generales para trabajar según la etiqueta diagnostica. Aspectos que en mi día a día y en mi trabajo considero indispensables, buscar y poder explicar porque se realizan y mantienen ciertas conductas y es innegociable en mi forma de entender la psicología, donde la intervención posterior se basa en función de este análisis funcional.

Además, no hay que olvidar que para poder etiquetar a una persona con un diagnóstico (de los que aparecen en el DSM) se deben cumplir varios criterios durante un tiempo. Pero por los inconvenientes que presenta el DSM a mí me gusta más analizar el tipo de conductas, ver porqué suceden, en qué contexto, porqué se mantiene, etc., y a partir de allí planificar un trabajo para buscar soluciones (con su respectivo análisis funcional previo). Esto no quita que existan problemas de salud mental, evidentemente existen, pero habría que ver si tantos como se diagnostican.

Centrándome en el mundo del deporte, que como ya he dicho suele ser mi temática, decir que en este ámbito no hay tantos trastornos de salud mental como los que se diagnostican, pero sí que hay muchas conductas de riesgo que si no se trabajan pueden derivar en un problema de salud mental (algo similar ocurre con las personas no deportistas).


Seguramente muchos de estos casos que han salido han salido en los medios de comunicación se hubieran podido trabajar mucho antes si se hubieran observado ciertos patrones conductuales que se pueden considerar factores de riesgo. Por esto, es muy importante que el trabajo psicológico en el mundo del deporte se tenga en cuenta, no solo por el rendimiento, que también, sino para prevenir posibles consecuencias mucho más graves.


A continuación, expongo algunas conductas que podrían considerarse factores de riesgo, esto pierde relevancia al generalizar (como estoy haciendo). Siempre hay que individualizar, pero en este caso no puedo hacerlo de otro modo y creo que es importante conocer algunas conductas que podrían derivar en algún problema mayor:

  • Tener la creencia de que uno/a puede con todo y que solo vale ser fuerte, entendiendo esta fortaleza como la no expresión y/o manifestación verbal de los problemas cuotidianos o de dentro del equipo.

  • Exceso de presión:

  • Excesiva presión por los resultados.

  • Excesiva presión social por hacerlo bien, el que dirán, etc.

  • Excesiva presión por hacerlo bien por el entrenador y ganar un lugar en el equipo.

  • Etc.

  • La única y exclusiva identidad de deportista, no dando lugar a otras identidades.

  • El estrés diario de todo lo que conlleva ser deportista profesional.

  • Las lesiones son un factor de riesgo, y ganan más relevancia si el o la deportista solo ha formado la identidad deportiva, descuidando otras facetas y ámbitos en su vida.

  • Miedo, poca tolerancia, poca aceptación al error, al fracaso, etc., por la excesiva presión social, de club, etc.

  • Normalizar el sufrimiento como algo habitual en el mundo del deporte profesional. Más que normalizar, no entender o diferenciar entre esfuerzo, sacrificio y sufrimiento.

Esto no significa que todos/as los/as deportistas que tengan presión por el resultado, por poner un ejemplo, deriven en un problema de salud mental, habría que analizar el caso de forma individual, cómo lo gestiona, etc., pero sí que esta conducta mal gestionada podría tener ciertas consecuencias.


Además de estas conductas de riesgo hay que tener en cuenta conductas de seguridad, que nos “alivian” de forma inmediata de cierto mal estar generado por problemas o situaciones que los/as deportistas no saben o no pueden gestionar. Algunos ejemplos podrían ser:

  • Abuso de sustancias.

  • Dedicar tiempo y dinero a los juegos de azar.

  • Aislamiento social.

  • Etc.

Para finalizar me gustaría decir que el trabajo preventivo es de vital importancia para el bienestar de los/as deportistas, pero no todo lo que nos pasa es un problema de salud mental, hay que valorar muchas cosas antes de etiquetar.

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